Mi primer contacto con la Numerología
Como otras muchas decisiones de mi vida, ésta la había tomado sorprendiéndome a mí mismo. Extraño mecanismo interno que se acciona cuando no quiero darle la razón, a la razón. Espero el momento adecuado en que estoy distraído y, agarrándome por sorpresa tomo la decisión contraria a la que hubiera tomado analizando fríamente los hechos.
¿Cuál era la decisión? Ir a ver a una Numeróloga. ¿Por qué? Aún no lo sé.
Sólo dos veces en mi vida había tomado contacto con actividades del tipo adivinatorio, y la última fue cuando tenía la mitad de mi actual edad.
Todavía no me presenté. Muchos dicen que soy raro. Algunos también opinan que soy un poquito obsesivo.
Volviendo a ese momento donde me tomé por sorpresa, una amiga había concurrido por primera vez el domingo anterior a ver a la Numeróloga. Me relataba entre risas que al momento de solicitarle el turno le había consultado: ¿Tengo que llevar calculadora?
Es así de ingenua y sumamente inteligente e informada. Siempre consulta “por las dudas” todo tipo de opinión calificada: astrólogos, gitanas, adivinos, borra del café, quiromancia, tarot en sus múltiples variantes, horóscopo, fases de la luna, y demás.
Como decía, mi amiga había ido a ver a la Numeróloga y entusiasmada me relataba parte de lo que esta señora le había dicho. Y digo parte, porque ella es así de cuidadosa al momento de decidir qué información comparte con los demás y cuál no.
Era jueves santo y estábamos en su casa, nuestra oficina. Yo estaba un tanto cansado después de haber pasado la noche internado en una clínica por un supuesto infarto que no resultó tal. Conversábamos, cuando de repente la interrumpí con la siguiente frase: ¡Dame el teléfono de la Numeróloga! ¿Cómo? Sí, dame el teléfono de la Numeróloga, voy a ir a verla. ¿Vos estás segura? Sí. ¿Para qué? No sé.
En ese momento mi amiga pensó que yo todavía estaba bajo los efectos de las drogas que me habían dado en la clínica, y que seguramente se me pasaría con el tiempo. No obstante tomó su teléfono y en cuestión de segundos estaba conversando con la Numeróloga y solicitándole un turno para mí. Acordamos que ese domingo de Pascuas yo iría a verla a las 16:00 hs. Y ahí comienza esta historia.
LA BÚSQUEDA DE INFORMACIÓN
Ir a entrevistarse con una persona que domina ciencias ocultas no es tarea fácil. Uno debe ir preparado para todo. En realidad no tenía la menor idea a dónde estaba yendo ni de qué se trataba.
Soy un tipo documentado. Busco información, si no la encuentro la deduzco, y si no la puedo deducir, la invento.
Comencé a buscar información sobre numerología. Recurrí a Wikipedia, a fin de lograr obtener un barniz de conocimiento como para entablar una conversación inteligente con la Numeróloga.
Lo que leí comenzó a inquietarme: la numerología es una práctica adivinatoria que utiliza los números; un conjunto de creencias o tradiciones que pretende establecer una relación mística entre los números, los seres vivos y las fuerzas físicas o espirituales. Su estudio fue popular entre los primeros matemáticos, pero no se la considera ya disciplina matemática. Los científicos la consideran una pseudociencia o una superstición, al igual que la astrología con respecto a la astronomía, o la alquimia con respecto a la química.
Según los que la practican, los números son uno de los conceptos humanos más perfectos y elevados, y la numerología es la disciplina que pretende investigar la “vibración secreta” de ese código y enseña a utilizarlos en beneficio propio, por medio del estudio de su influencia sobre personas, animales, cosas y eventos.
Ya el tema se estaba poniendo pesado: adivinación, superstición, vibración secreta. Solo faltaba la palabra magia negra y suspendía la reunión. La parte de “influencia sobre animales” me tranquilizaba: recordar que soy raro y a veces me consideran fuera de la clasificación de humano.
Continuaba el artículo diciendo que había varias escuelas: la Cábala, la Caldea, la China y la Pitagórica. ¿Pitagórica? ¿De Pitágoras? ¿El del cuadrado de la hipotenusa? Demasiado para mí. Decidí suspender mi sesión informativa.
Lo siguiente fue buscar programas en Internet que me permitieran ver los resultados posibles del análisis numerológico de mi persona, para estar preparado para lo que iba a escuchar.
LOS NUMERÓLOGOS Y ADIVINOS DE INTERNET
Como toda búsqueda que uno hace en Internet, Google me devolvió cientos de miles de resultados. Una rápida cuenta me permitió deducir que si intentaba analizarlos todos, a razón de un minuto por resultado, tardaría meses. Opté por un enfoque diferente y seleccioné los primeros tres portales de la lista.
Al ingresar al primero, aparecieron en pantalla varios personajes que se declaraban médiums, videntes, numerólogos y tarotistas, todos con extraordinarios poderes de clarividencia, ofreciendo un primer “estudio” gratis y luego servicios pagos de entre 20 y 159 dólares para resolver problemas sentimentales, de trabajo, económicos y de suerte.
Uno de ellos se presentaba anunciando poderes heredados de sus ancestros y la capacidad de sentir las vibraciones de los números ganadores en la ruleta o la lotería, entre una lista de catástrofes mundiales que decía haber predicho.
Me di cuenta enseguida de que, contratando estos servicios, podría tener información sobre la inesperada subida del precio del café con leche, la catastrófica caída del peso argentino, la ola de calor en verano y la de frío en invierno: situaciones que el Servicio Meteorológico Nacional no ha logrado pronosticar.
Algo que me sorprendió fue que estos sitios solicitaban como datos obligatorios el nombre, apellido, email, país, fecha de nacimiento, hora y minutos, y luego la tarjeta de crédito. Ahí me surgieron las primeras dudas: mi numeróloga no me había preguntado nada de eso. Indudablemente ella carecía de la información necesaria para hacer su trabajo, según este criterio.
Con un poco de desconfianza seguí investigando esas páginas. Las tres pertenecían a sociedades radicadas en paraísos fiscales, con graves problemas de traducción al español, y letra microscópica al pie aclarando que el contenido tenía únicamente fines de entretenimiento y no garantizaba la ocurrencia de ningún evento.
Más que confundido, finalicé el episodio de solicitud de servicios adivinatorios y me avoqué a utilizar el primer programa de numerología gratis que encontré.
LOS PROGRAMAS DE CÁLCULO NUMEROLÓGICO POR INTERNET
Este programa indicaba que una vez introducidos mis datos, obtendría el número de personalidad, el número íntimo, el número de realización, el de las iniciales, el activo, el hereditario, el de destino y el equilibrador, cada uno con su propia explicación cada vez menos comprensible para mí.
No encontré ningún curso de menos de dos años que me permitiera interpretar todo eso, y decidí poner mis datos y experimentar de todas formas: Hernán, Siches, 20 de junio de 1957, masculino.
El resultado indicó Número de Personalidad 9, con una descripción de altruismo, idealismo, fantasía, propensión a desequilibrios emocionales, desorden, inestabilidad y egocentrismo, además de una tendencia a mariposear en el amor y a vigilar las piernas y la obesidad en la salud.
Probé los otros dos programas gratuitos y obtuve resultados que no se condecían entre sí: uno me describía alto, flaco, rubio y de carácter afable; el otro, petizo, gordo y de carácter irritable. Hice un análisis “objetivo” y me quedé, por supuesto, con el que me favorecía.
OTROS PREPARATIVOS DEL SÁBADO POR LA NOCHE
Ya era sábado por la noche y comenzaron a asaltarme las dudas. Intenté comunicarme con mi amiga varias veces sin éxito para preguntarle si debía llevar calculadora. Decidí repasar las tablas de multiplicar por las dudas, tuve problemas con la del 7 como siempre, y finalmente me fui a dormir agotado, tras un sueño extraño con Pitágoras persiguiéndome.
EL DOMINGO NUMEROLÓGICO DE PASCUAS
Llegó el domingo, nublado, lo que me dio pie para inventar excusas para no ir. Pero a las 13:00 hs salió el sol y se esfumó el último argumento. Me asaltó la duda de qué estaba haciendo yendo a ver a una adivina, pero ya me había metido solo en esto y tenía que llegar hasta el final.
¿CÓMO DOCUMENTAR LA SESIÓN CON LA NUMERÓLOGA?
Descarté llevar un escribano (imposible conseguirlo un domingo de Pascuas) y decidí recurrir a la tecnología: un iPad y un iPhone para grabar la sesión, por las dudas fallara alguno. Descargué varias aplicaciones de grabación para cada dispositivo mientras los ponía a cargar, y aprendí a usarlas. Como respaldo, llevé también un cuaderno y tres lapiceras.
Cargué en el GPS tres rutas alternativas hasta la casa de Graciela, la Numeróloga, en Agronomía. Terminé de tomar el té a las apuradas, quemándome, y ya eran las 15:30 hs y llegaba tarde.
EL VIAJE
Con cargo de conciencia por haber salido tarde, fui a toda velocidad hacia la casa de Graciela. Me olvidé el iPad en casa y me equivoqué dos veces de ruta, pero llegué transpirado, con el cuaderno, las lapiceras y el grabador, tocando el timbre exactamente a las 16:00 hs.
GRACIELA
Se abrió la puerta y descendió por la escalera una mujer de rasgos distinguidos y mirada serena: Graciela. No tenía pinta de adivina ni de bruja, y parecía menor que yo, aunque después me enteré de que tenía mi misma edad.
Me invitó a pasar y a tomar asiento. Yo buscaba a toda velocidad elementos de las tareas de adivinación que esperaba encontrar: no había bola de cristal, ni cartas de tarot, ni sahumerios, ni imágenes religiosas. Me estaba empezando a asustar; esto no era lo que esperaba.
Graciela empezó diciéndome que ella no era adivina. La interrumpí para preguntarle por un ruido de agua que escuchaba: era una fuente con un Buda que se ofreció a apagar y que le pedí que dejara así.
Puso delante de ella una pizarra con mi nombre, apellido y fecha de nacimiento rodeados de números, y empezó a explicarme en qué consistía la numerología. Yo me le adelanté demostrando lo poco que había entendido de mi investigación por Internet, y ella respondió con paciencia que su escuela era la Pitagórica.
Le pregunté si podía grabar la conversación, me dijo que sí, y encendí el grabador. A partir de ahí la interrumpí de manera casi permanente, discutiéndole fechas, cuestionando sus datos y reinterpretando todo lo que decía a mi manera. De los 140 minutos que hablé yo, apenas 17 segundos resultaron rescatables.
No hubo mención alguna a números de la suerte, formas de hacerse millonario, ni fórmulas para la lotería. Me habló de mi vida, de los cambios que estaba atravesando, del libre albedrío y de las posibilidades que tenía por delante. Permanecí en su casa poco más de tres horas.
Al final le pregunté cuánto le debía por su tiempo y trabajo. Su respuesta me dejó helado: “nada”.
EPÍLOGO
Los números demostraron lo que nadie sabe: No soy brillante.
La radiografía que sacó Graciela de mí fue precisa, y las situaciones que predijo se han ido cumpliendo con una exactitud asombrosa. Sus diagnósticos no dejan dudas sobre el camino a seguir; sólo hay que escucharla con el alma.
Ya pasó más de un mes desde ese primer encuentro. Nos hemos escrito por correo y nos juntamos a cenar. He empezado a comprender la numerología tomada en serio, como un mecanismo para ayudar a la gente y no para lucrar.
Con Graciela conversamos de filosofía, religión y muchos otros temas, y nos divertimos mucho. En ella encontré a alguien que, desinteresadamente, se preocupa por ayudar a la gente, y me da paz y serenidad.
Hoy Graciela es mi Numeróloga y también mi amiga.
FIN